Cien Soneros Por Cada Arma

Cien Soneros Por Cada Arma

Cien Soneros Por Cada Arma una visión de un gran músico Venezolano “Alejandro Moreno”

Cuando éramos niños nuestros mayores siempre nos recalcaban “mijo, la matemática no falla”, y sin duda es así: esta no falla. No cabe duda de que los lugares comunes aunque nos causen alergia son pan nuestro de cada día, porque también nos definen. Por eso, cuando decimos: “La música hace mejores seres humanos”, el lugar común se vuelve una verdad certera y gigante. Más allá de ideologías y posturas políticas, todos hemos vibrado con la música, bien sea la muy seria música académica (Mozart, Beethoven, Vivaldi o cualquiera de los compositores considerados clásicos) o con la más guapachosa salsa (Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Gilberto Santa Rosa o el Gran Combo). En este universo bochinchoso y vibrante que llamamos el Caribe, la salsa es esencia y cadencia de nuestra particular forma de ser. Con ella hemos crecido, nos hemos enamorado, hemos llorado a nuestros muertos. Nada de la música nos es ajeno y mucho menos de la salsa, esa música tan nuestra.

Creo que en la salsa se encierran no solo nuestras vivencias como pueblo sino que también es la música de la tumbadora y el bongó una constitución de nuestra cotidianidad. A través de la salsa también se pueden dictar leyes, que son finalmente los acuerdos que hacen que nuestra convivencia sea más fluida y menos hostil. Es allí donde una idea se hace para mí un sueño realizable: una escuela de soneritos. Sí, así mismo como se oye, una escuela para enseñarles a los niños ese “arte nuevo” que llamamos “sonear”.

¡Por qué no, pues!, por qué no enseñarles a los niños a improvisar en la rumba, por qué no hacerlos caminar por esa dulce carretera que es “la clave”. No me cabe duda de que un niño que vaya por la vida sabiendo un poquito cómo se arma una rumba, será un niño menos para la delincuencia y para la violencia. Creo que ningún niño que sea capaz de vacilarse un guaguancó estará pensando en 9 mm, en AR 15 o en granadas. Sin duda, será una batalla ganada por el tambor.

Hagamos de la salsa una escuela. Vayamos por ahí sembrando de “soneritos” el porvenir. Que en cada esquina de Caracas y de Venezuela haya un niño queriendo ser como Héctor Lavoe y como Gilberto Santa Rosa, en vez de querer ser como el secuestrador del barrio, como el que atraca y roba. Soñemos con eso. Tengo esta idea, este sueño, pero necesito que ustedes me ayuden. Quién me dice: “Alejandro, yo mismo soy”. Si lo hacemos entre un poco gente, seguro lo lograremos.

Alejandro Moreno (Cantante y editor).

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