Willie Colón, 50 años de incendiar la tarima

Willie Colón, 50 años de incendiar la tarima

Le dicen ‘El Diablo’ porque así le puso Héctor Lavoe, uno de sus grandes cómplices. ese apodo, que define de cuerpo entero a Willie Colón, fue un grito de guerra que le abrió el paso en una carrera que hoy llega al medio siglo.

FOTOARTE: JULIO ANG

Si hay un término que define de cuerpo entero a William Anthony Colón Román (Nueva York, 28 de abril de 1950) es “bravo”. Es de nacimiento y también de formación. Esa bravura ha sido el sello indeleble de su vida y de su trayectoria artística, que comenzó profesionalmente a sus 17 años. Ese carácter indómito es quizá una de las claves de su éxito en 50 años de carrera en la música llamada salsa.

Con el fin de festejar ese cincuentenario sobre la tarima, el llamado Malo del Bronx emprendió una gira internacional que, por supuesto, aterrizará en México, en donde llevará a cabo dos grandes conciertos el mismo día (1 de julio): uno en el Teatro Metropólitan y otro en el Gran Fórum, ambos escenarios en la Ciudad de México.

En el marco de esa celebración, Willie Colón responde a Excélsior una entrevista en la que se refiere, entre varias cosas, a su dura infancia, a su crianza entre mujeres, a su “demoniaco” sobrenombre, a su amor con el trombón, a sus dotes de líder, a sus influencias musicales, a sus cómplices artísticos a lo largo de medio siglo; toca asimismo temas como su perspectiva de la revolución digital en la industria musical, sus preocupaciones sociales y su concepto acerca de México, un país cuyo público lo idolatra, lo goza y lo baila.

UNA FAMILIA ALTERNA

Un viejo tango asegura que 20 años no es nada, pero 50 años de carrera ya deben significar algo. Para Colón ha significado mucho, sobre todo por la serie de “privilegios” que supone poseer una carrera de ese calibre.

“He tenido la oportunidad y el privilegio de estar en una posición que me permitió construir extraordinarios proyectos musicales. Trabajé con Héctor Lavoe, Rubén Blades, Celia Cruz, Yomo Toro, Mon Rivera, Ismael Miranda, Amílcar Boscán, Omar Alfano, Soledad Bravo y todos los músicos que me han acompañado todos estos años. Estos literalmente han sido mi familia. Los momentos en el escenario, ante multitudes que te apoyan y miman, son algo seductor. Una experiencia única y feliz”. Aunque acota que ya no es posible detentar la misma energía.

“Se me hace casi imposible seguir el tren de vida de mis primeros años en la música. Además, el tiempo no pasa en vano. El terrorismo ejerce mucha presión a los viajeros. Se teme el daño físico propio o al de los seres queridos. Las tortuosas filas de espera (esperando como ganado) te quitan la alegría de viajar. Mientras, los años han pasado como flecha. Mis hijos se han convertido en hombres y yo en abuelo. Muchos amigos se han marchado para siempre. Y no creo que pueda vivir otros 50 años en la tarima. El tiempo que me reste lo quisiera invertir terminando mi libro, componiendo, produciendo talentos jóvenes, y compartiendo más con mi familia y amigos”.

En ese sentido, el creador de temas como Gitana, El gran varón e Idilio hace un balance sobre su aprendizaje como artista: “Desahogarte artística y emocionalmente es importante, pero no debes exagerar la nota. Es posible ser un gran virtuoso, pero un artista mediocre. Si te enfocas demasiado en la técnica pierdes naturalidad y emoción. No debes perjudicar tu presentación con reglas o miedos. Mientras más pronto hagas la conexión con tu público, mejoras tus momentos en tarima. Además es importante crear un espíritu de juego con tus acompañantes en el escenario. Así, cualquier inconveniente en el show se podrá superar sin pánico. La música, como la pintura o la danza, es un idioma. Si utilizas un vocabulario rebuscado, corres el peligro de pronunciar cosas sin sentido o aburridas”.

Pero ese aprendizaje ha implicado fortalecer sus convicciones: “Mi carácter obstinado me ha llevado a tomar riegos. Soy un artista que evita grabar sólo por grabar. No se trata de coleccionar Grammys por obras que serán pronto olvidadas. Tampoco quiero ser un esclavo del comercialismo ortodoxo. Todo esto ha sido un factor positivo para mi longevidad como artista. Aunque definitivamente no he sido el mejor exponente del trombón, lo he popularizado en el mundo. Me han dicho que he sido responsable por auge del instrumento aquí en México. La Asociación Internacional de Trombón dijo: ‘Willie Colón probablemente ha hecho más que nadie en la historia desde Tommy Dorsey para mantener el trombón ante el público’. Esto no ha sido mi propósito, pero me llena”.

—Maestro Colón, ¿por qué le dicen El Diablo?

¡El Diablo! Fue nuestro grito de guerra; lo creó el gran Héctor Lavoe. Ambos éramos flaquitos, jóvenes. Con mi segundo trombón y seis “gatos” arrasábamos con orquestas de 15 o 20 músicos. Hay que señalar que crecí sin mi padre. Me criaron mi abuela y mi madre. No tuve hermanos mayores. Tuve que hacer la mayoría de mis cosas yo solo. No confiaba en nadie. Ese ambiente te puede convertir en un diablito en la Tierra.

—La sabiduría popular dice que el mejor truco del diablo es hacerle creer a la gente que no existe. ¿Cuál es el mejor truco de Willie Colón?

Ser el hermano mayor de dos en mi hogar me dio responsabilidades como “el hombre de la casa”. Mi madre y mi abuela trabajaban fuera y estuve mucho tiempo sin supervisión. Tenía que encontrar medios para mantenerme ocupado. Había poca televisión, nada de celulares, cable o internet para mantenerme hipnotizado como se crían los niños hoy. Desde mi infancia en la calle 139, en el sur del Bronx, aprendí a interactuar con grupos de personas.

“La mayoría de los edificios en mi cuadra tendrían 10 niños de mi edad. Con tantos niños necesitábamos organizarnos en equipos para jugar. La pobreza y el hambre son grandes motivadores. Nos gustaba buscar en la basura de otros. Con esos artículos descartados fabricábamos juguetes. Esto me ayudó a desarrollar la habilidad de crear cosas y no depender de lo prefabricado. Me convertí en buen organizador y los demás niños aceptaban mi liderato.

“No me quejo por una infancia en pobreza. No cambiaría nada si tuviese que hacerlo de nuevo. Más tarde, en la escuela, fue algo natural para mí organizar a otros músicos. Nunca fui un virtuoso en ningún sentido, pero creaba música que otros podían tocar. Chicos que tocaban mejor que yo aceptaban mi liderazgo. No había dinero involucrado, sólo el deseo de hacer música. Así me convertí en director de orquesta. Para hacer corta una larga historia, entiendo palabras y melodías en muchas formas a la vez. Eso me sirve para mis composiciones. Tomo todos los elementos y los junto para hacer una buena grabación, un buen grupo o un buen espectáculo. ¿Mi mejor truco? Soy buen productor.

LA SALSA MUTÓ

Hace más de cuatro décadas, Willie Colón aseguró que la música salsa representó no sólo un movimiento musical, sino social. Es natural que esta perspectiva haya girado, ¿pero hacia dónde? ¿Qué es la salsa hoy?

“Hoy depende de dónde estemos hablando. Desafortunadamente, en Nueva York, su cuna, y Miami, su nueva residencia, la salsa ha cambiado mucho. Desde los principios de los años 80 la salsa fue adquirida por las grandes corporaciones que, por ‘su gran sabiduría’, la hicieron lo más comercial posible. Se estableció una nueva fórmula que alteró mucho el producto. La salsa de hoy es meramente un baile.

“La salsa vieja de Nueva York nació de un ambiente competitivo de grupos independientes. Hoy, la salsa es producto concebido en las estériles salas de conferencias de Sony, Universal y otros gigantes, muy lejos de la esquina del barrio. Como son dueños de todos los grupos, no hay competencia, pues quieren que todos sus discos y artistas tengan éxito. La salsa vieja tenía un enfoque y propósito musical. El gran promedio de los líderes de antes eran músicos que tenían ideas musicales propias y se empeñaban por distinguir su sonido.

“En la salsa de hoy todos los artistas deben ser cantantes y de éstos muy pocos tienen criterio musical. La salsa vieja la hacían grupos que funcionaban como talleres donde se trabaja el sonido y las dinámicas de cada canción. En la salsa de hoy se usan los mismos músicos, arreglistas y compositores para todos los proyectos. Es una mentalidad de fábrica y producción masiva”.

De hecho, Willie Colón es considerado un músico que revolucionó la manera de hacer salsa, sobre todo por sus arreglos y letras, por ello se le pregunta si piensa que el género ya se agotó. Al respecto dice: “Tomemos la teoría del Big Bang como un ejemplo. Érase una vez en una lejana galaxia (Nueva York) donde se unieron factores diversos que crearon una explosión musical en los años 70. Ya para los 80 llegó a su masa crítica y explota dejando brasas de su esencia por todo el universo. Algunas de éstas echan raíz en otras partes del universo, especialmente en sitios donde había jóvenes receptivos a la propuesta. La salsa vuelve, pero no de Nueva York o Miami. Vuelve con más fuerza desde América Latina. He encontrado excelentes músicos en mis viajes. Son muy buenos y quizá sean mejores que los de la vieja guardia. En estos momentos se está cocinando la próxima ola de la salsa. Por lo que he visto en Colombia, México, Perú, Panamá y otros lugares de América Latina, algo bueno viene”.

Acerca de su liderazgo musical, Colón responde a la cuestión de si él condujo alguna vez el timón del movimiento salsero.

“Nunca me sentí como la voz política del movimiento. Hablo por mí. En muchos casos simpatizo con los problemas de América Latina. Pero es una contradicción y una hipocresía estar instando contra EU mientras nací y vivo en la comodidad del ‘imperio,’ como suelen hacer una gran cantidad de nuestros ‘héroes sociales’. Si queremos luchar por la independencia de Puerto Rico o la ‘Robolución Bolivariana’, vete allá y dóblate el lomo con la gente que va a vivir esos cambios. Muchos están pendientes de las encuestas para ver qué es lo más popular. Demasiadas veces no miden, evalúan o entienden las consecuencias. Muchos de estos “líderes” sociales de hoy quieren ver la dirección en que el desfile va marchando y luego corren para ser visto en la parte delantera de la línea”.

INTERNET, EL GRAN FACTOR

El sello Fania irrumpió en la industria discográfica de tal manera que su impacto perdura hasta nuestros días. De la fecha en que apareció hasta hoy ha modificado la industria del disco. ¿Qué tanto ha aportado internet en ese sentido? Colón lo tiene muy claro, porque lo ha padecido.

“Esto es llover sobre mojado, pero voy a intentar incluir otra cosa que ha forzado cambios bruscos en el negocio de la música: la revolución digital. Cuando llegó el CD las disqueras pensaron que sería la herramienta para acabar con la piratería. Fue lo contrario: lo que resultó es que cada CD era una cinta maestra que se puede reproducir mil veces.

“El vinil cada vez que se usa se gasta y pierde fidelidad. La solución de poner códigos anti-pirata en los CD fracasó. La gente aprendió a ‘bajar’ música por internet y eso le quitó las ventas a gigantes como Virgin Records, Tower Records, Coconut, y varios otros que también quebraron. La industria perdió esa importante fuente de ingresos. Estamos en una época donde la gente no compra música como antes. Hoy los artistas graban sólo para hacerse promoción, pues todos vivimos de las presentaciones. Antes era al revés; los conciertos eran para promover los discos. Cuando comparas un disco producido en los años 70 con una grabación moderna te das cuenta de la dilución. Para decírtelo en ‘mexicano’: es como añadirle agua al tequila”.

CÓMPLICES E INFLUENCIAS

A lo largo de 50 años, Willie Colón ha compartido tarima y estudio de grabación con un sinnúmero de colegas que han enriquecido su carrera. Uno de ellos es, por ejemplo, el brasileño Chico Buarque, de quien Colón reinventó la canción Oh, qué será y la convirtió en éxito. Al respecto de sus influencias artísticas, Colón se autoproclama universal.

“Me gustan todas las músicas. A veces se me antoja escuchar cosas diferentes. ¿Mis favoritos? Chico Buarque, Bach, Brahms, The Beatles, Elvis Presley, Roy Orbison, Rafael Cortijo, Salif Keita, Ricardo Ray, Tito Puente, Miguel Aceves Mejía, The Eagles, Chicago, Chapotín, Sergio Mendes, Tito Rodríguez, Joe Cuba, Sezen Asku, Martinho Dávila, Rafael Hernández, Tite Curet Alonso. Todos estos están presentes en mi música”.

—Y acerca de los ejecutantes del trombón, ámbito en el que usted es una referencia ineludible, ¿hay alguno al que admire?

Yo empecé como trompetista. El gran trompetista mexicano Rafael Méndez fue mi primer ídolo musical. Louis Armstrong, Al Hirt, Víctor Paz, el australiano James Morrison. ¿Trombonista? El padre del trombón salsero, Barry Rogers. Además, mi mentor Steve Pulliam. Hoy sólo te puedo comentar sobre los que yo he escogido para tocar con mi orquesta. El trabajo conmigo no lo hace cualquier músico. Por bueno que sea requiere mucha fuerza para tocar duro por dos horas seguidas. Ozzie Meléndez, un ‘nuyoriqueño’ creativo, con mucho ánimo y buena técnica. Luis Bonilla, costarricense radicado en NY es muy fuerte y tremendo solista. Eduardo Montoya, un joven colombiano con fuerza, técnica y muy estudioso. Rey David Alejandre, mexicano que empezó conmigo cuando yo vivía en la capital mexicana; ahora él toca con los mejores grupos jazzistas. Vladimir Hurtado, colombiano que está empezando con el grupo y ya está tocando primer trombón. Dan Reagan, que toca con nosotros como suplente por muchos años. Papo Vásquez, Jimmy Bosch. Excelentes trombonistas.”

En ese sentido, el finado Barry Rogers tiene un lugar especial en la memoria de Willie Colón.

“Barry Rogers, un judío, es el pionero del trombón criollo. El hombre tocaba duro, pero con una autoridad y una elocuencia musical insólitas. Era un hombre del Renacimiento: navegante, fotógrafo, mecánico, cocinero. El hombre llegaba a los conciertos y bailes, sacaba sus herramientas ¡y afinaba el piano! Tocaba con intensidad y contaba una historia musical con cada solo. Ha habido mejores técnicos, pero para mí no hay un trombonista igual”.

MEZCLA DE TALENTOS

Como músico, en Willie Colón —se sabe— conviven varios talentos: compositor, intérprete, líder de grupo, promotor de un movimiento musical/social, pero él se siente un poco ajeno a esa mixtura.

“Soy un poco de todas esas cosas, pero al fin un hombre que vivió su vida, llevado por el destino; a veces a la buena y a veces arrastrado, como todos los demás”.

Y también, como si se tratara de un talento mayor, tiene fama de peleonero en el gremio musical.

“Fui el chiquitín que defendía a su madre, a su abuelita y su hermana en un barrio de ‘guapos’ y se me quedó. Víctor Gallo, el contralor de la disquera Fania, decía que yo veía fantasmas donde no los había. Pero él andaba con los bolsillos desbordados de los dólares que yo le traía a la compañía por las ventas de mis discos. Gallo y muchos otros magnates de la industria me querían presentar como una persona problemática. Para ellos, el hacer valer los derechos de uno es ser peleonero. Para mí fue la única manera de llegar hasta donde estoy. Los instintos que cultivé en la selva de cemento me han servido bien”.

Y hablando de un ámbito de lucha, el músico neoyorquino se da tiempo de hablar de política como instrumento social.

“Al fin y al cabo, lo que importa es poder comer, que tengas que proveerle a tus hijos, poder ser feliz y estar tranquilo. Por esas cosas tenemos que luchar. Cuidarnos de personas que nos pidan sacrificarnos por ideales, partidos y banderas. Ellos seguramente se estarán ensuciando el bolsillo. Los líderes no son eternos.

Los latinos de EU se dejan manipular por el sistema. Aunque usamos el término ‘raza’, no somos una raza. El color no debe fomentar diferencias entre nosotros. Más bien somos un arcoíris de negros, blancos, indios, chinos. No debemos seguir la táctica de los afroamericanos que sólo se enfocan en ellos contra los demás colores. A la hora de la verdad ellos se van con los gringos. Son parte de la cultura angloparlante”.

Y luego se detiene en la coyuntura política que vive Estados Unidos.

“Tenemos que mostrar nuestro lado positivo como trabajadores, gente con fe y talento. Debemos dejar de ser necios en política. En EU los italianos, irlandeses o coreanos no expulsan, ridiculizan o amenazan entre ellos. Entienden que necesitan tener representantes sentados en todas las mesas. Desafortunadamente, los latinos somos más leales a nuestros partidos políticos que a nuestra propia gente. Tenemos el problema de que nuestras nuevas generaciones se identifican más con la cultura afroamericana que la latina. Esto les causa ‘esquizofrenia cultural’. Como un cisne criado por gallinas. Sin embargo, no todo es tan sombrío como lo pintan.

“A mi juicio, Donald Trump no es un ideólogo, un pragmático. Mi abuela decía que el carpintero quiere arreglar todo con clavo y martillo. Así es Trump: un negociante y el vicio del negociante es negociar. No puede resistir hacer un buen negocio. Ahora que los demócratas están totalmente fuera de cuadro, ¿qué hacemos, nos dedicamos a tirarle piedras a la administración por los próximos cuatro u ocho años? ¿Surgirá un estadista entre nosotros que pueda mitigar la situación?

MÉXICO, SU ESCUELA

Willie Colón traza sus planes para el futuro inmediato.

“Quiero lanzar unos cuantos viniles para conmemorar mi 50 aniversario. Voy a seguir la gira hasta 2018. Este verano saldrá mi libro Barrio de guapos: The sercret life of Willie Colón, que llevo más de 15 años trabajando. Tengo también pactados algunos proyectos con talentos nuevos que quiero producir”.

“México para mí y mi familia fue una escuela. Siempre le guardaremos nuestro cariño y agradecimiento. Todavía cuando regreso y veo esa gran ciudad se me llena el pecho de emoción y se me pone la piel de gallina. Un país grande con gran corazón, mucha cultura y un espíritu noble. Quisiera que el mundo conociera el México que yo conozco”.

Fuente: VÍCTOR MANUEL TORRES

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